El artista vive una relación peculiar con la belleza.
En un sentido muy real puede decirse que la belleza es la vocación a la que el Creador le llama con el don del talento artístico.
Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos,
por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo.
Lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean, es sólo un tenue reflejo
del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu.
Juan Pablo II (1920-2005)